Cada vez que leo los diferentes debates sobre el futuro de los diarios, se me viene a la mente una misma comparación y diversas conclusiones.

Ningún medio emergente es por sí novedoso, es un reciclamiento y una innovación de otro.
Su masiva aceptación es el resultado de una evolución, por lo que su desarrollo que debe pensarse en “tiempos largos”.

Cuando surgió la fotografía, y como pasó con todo nuevo medio de comunicación, hubo gente a favor y en contra de su uso e implementación. Estaban los que aseguraban que el invento revolucionaría el mundo y quienes se oponían rotundamente por considerar que la única forma posible de captar la realidad tal cual era, era mediante el ojo humano, y no la lente de una cámara.

Antes de su surgimiento, quien se encargaba de los retratos era la pintura. Lo que demoraba tanto tiempo, una gran paciencia y costaba muy caro, vino a ser “desplazado” por la fotografía. Ya no se trababa de 12 horas de exposición, sino de media, y era más económico, accesible a la gente de las clases más bajas y no sólo a la elite.
Velocidad, reducción de costos, accesibilidad, transformación, eran las características del nuevo medio, que lo diferenciaban del anterior y lo opacaban.

Una de las primeras impresiones que produjo este avance era que la pintura iba a desaparecer.
La pintura como medio no fue capaz de reinventarse; fue utilizada por un tiempo, hasta que nació la foto en color, para “darle vida” a las fotos. Se dio una especie de complementación. Fue recién a comienzos del siglo XIX, cuando se dio cuenta de que debía buscar otro camino, de que la emergencia de la foto le había dado la libertad de poder registrar otro tipo de cosas.

Rechazo, complementariedad, y posterior libertad para crear, experimentar y poder reinvientarse y reacomodarse como vía de comunicación, son los procesos que sufre un medio cuando otro “le quita el puesto”.

¿Por qué tiene que desaparecer la prensa escrita? ¿Cuál será el camino que tome?