*Por Eduardo Betas
ojosLo primero que vi de ella fue un ojo. Y un ojo solo impresiona porque, generalmente, vienen de a dos. El de ella era un ojo estático, que no pestañeaba. Miraba fijo.

Luego empecé a leer sus palabras. Y el ojo se fue, de a poco, humanizando. Siempre en la medida en que algo pueda humanizarse en esta maraña de bits e internet.

Un día le dije -más bien le escribí- que quería ver un poco más de ella. No piensen mal, me refería a un pedazo de nariz, quizás media oreja o algo por el estilo. Cómo no, me dijo. Y me invitó a venir aquí, a su blog. Claro, eso de aquí es un decir porque en ese momento el blog estaba en otra casa.

Bueno, yo me vine al blog con cierta ansiedad a ver si empezaba a completar su imagen. Y no me mintió, aunque sentí un poco que sí… porque una vez aquí -allá, en la casa antigua, se entiende- vi el otro ojo. Al menos ya había una mirada aunque no niego que llegué a sospechar que era el mismo ojo pegado con Photoshop. Me odié un poco por desconfiar de ella de ese modo.

Y me odié más cuando, a la edad que tiene uno ya, me venía a dar cuenta de que ella no era un ojo como yo tampoco no era una barba. Que ambos no éramos, ni mucho menos, tecnología y que todos andábamos por la red como quien anda por la calle Warnes bucando alguna pieza de repuesto para completar su propio vacío.

Me dí cuenta, al leer sus textos, que ella tenía un punto de vista -y esto no es irónico- muy claro sobre lo que era estar en el medio. En el medio de comunicación masiva, aunque yo siga considerando que comunicación masiva sea un oxímoron. En el medio de los medios de difusión masiva, ésta me gusta más, aunque muchas veces tiendo a decir medios pasivos de confusión… ¿confusión dije? No, perdón, quise escribir difusión. Bueno, en el medio, es decir, en “el Medio, allí donde se supone que no pasa nada, donde está todo”, como alguien dijo alguna vez.

Y ahí es donde también me dí cuenta que en ese ojo de ella estaba el mundo. Como una bola de cristal o una lámpara de Aladino o electrones jugando con protones y neutrones a que son sistemas solares gigantescos. Por eso también sentí que aquellos días en que cerró su ojo, fueron días en estado de apagón permanente. Por suerte esa oscuridad no duró mucho.

Hoy, ese ojo suyo sigue estando allí, fijo, estático pero cálido. Sigue mirando todo como por primera vez. Sigue contando, enojándose, peleando por lo que está convencida con sus ilusiones nuevitas, a estrenar con las que llega a éste, su primer año de blog. 365 días de textos que en idas y vueltas fueron construyendo por sí solos una comunidad, una red, la palabra viva que nos instaló así en el medio, bien en el medio de la comunicación. Ahora sí, dicho con todas las letras…