Por Silvana
Me desperté pero no era como todos los jueves, algo diferente sucedía.
Ya no tenía la contractura de cervical con la que me había acostado, legado de aquellos años de estudiante “rebelde” donde la buena postura deja paso a “hago lo que quiero, yo me siento así, y a mí qué” …
Me desperecé, con los ojos entreabiertos miré a un lado, después al otro mientras intentaba quitarme la tensión del ceño fruncido… focalicé en la pantalla de la computadora, estaba encendida uff siempre me olvido de apagarla… pero si yo la apagué ehh…
Busqué debajo de la cama las pantuflas azules pero solo encontré un par de zapatillas negras y acordonadas, la mala costumbre de descalzarme no la pierdo…
Paso frente al espejo que hay en mi dormitorio, pero qué espejo??? Tengo un enorme reflejo de mí… no – lo- pue- do – creer!!.
Corro al baño, me refresco la cara con agua helada a ver si me despabilo despacio me miro y naaa!! Es que tengo 21, pero si a penas ayer estaba atravesando la crisis de los 30 cómo es posible.
Cuando uno tiene 21 años los ideales están a flor de piel (siempre me gusta decir esta frase trillada ja), cuando uno tiene 31 la caída de los ideales es parte del proceso normal de maduración.
Cuando tenés 21 pensás en terminar la carrera de grado, lograr la entrevista de tu vida, obtener el reconocimiento de tus padres, destacarte entre tus amigos. Cuando tenés 31 te das cuenta que necesitás un posgrado para reconocerte y lograr un mejor trabajo.
A los 21 buscás experiencia, hacer cuan curso y congreso hay para aumentar el volumen de tu Currículum Vitae; a los 31 descartás certificados, recordás con una sonrisa ese primer cursito de operador de pc y Windows 95 y considerás que es tiempo de explotar lo que más sabés.
Con 21 odié las injusticias de los primeros jefes, el trabajo como pasante y accedí a trabajar en otros ámbitos porque creía que una cobertura social era la garantía de salud y estabilidad. Con 31 no soy autoritaria con los que me dependen, trabajo como jefa de redacción en una institución pública porque aún no puedo cortar ese temor de a inestabilidad.
Cuando tenía 21 soñaba con viajar a España, presenciar una clase en la Complutense; cuando cumplí los 31 los festejé en Madrid, fui oyente en esa Universidad y revaloricé la educación pública de mi país.
Ahora que tengo 32, sólo una década es la brecha que me separa de Romina. Qué bueno que te animaras a tener el blog, a mirar a tu alrededor bien despierta y compartir cotidianeidades dejándonos tomar prestado tus ojos….
Hoy soñé que soy Romina: Mujer, argentina y blogger!!.




Silvana: ¡Qué post! Me encantó.
Muchas gracias por escribir En el Medio.
A mis 31 te cuento qué tal me va :p
Besos
Junio 26th, 2008