… de Cristina Kirchner, por lo menos mientras sean como la del sábado 2-8.
Todos, pueblo y medios, contentos porque Cristina Kirchner había convocado a la primera conferencia de prensa de su gestión: que iba a ser la primera de la era K luego de 62 meses desde su ascenso al poder, que iba a responder 40 preguntas, que por primera vez se escucharía la voz del vocero Nuñez, que esto marcaría el inicio de una nueva era (?), que bla, bla…
Pero para mí, y como ya me imaginaba, dejó mucho que desear. Y no me refiero sólo a la actitud previsible de la presidente -La Nación autoriza a decir - presidenta, no. La de los periodistas elegidos a dedo para preguntar, también. Volvamos al asunto.
Desde el vamos que considerar como conferencia de prensa una en la que no se puede (re)preguntar es cualquier cosa y más aún cuando las respuestas no contestan a los interrogantes planteados.
Salvo excepciones: cuando Cristina Kirchner respondió que “volvería a hacer todo igual“, cuando negó más cambios en el gabinete y cuando dijo “it’s too much” hacer conferencias de prensa semanales, porque además “ningún presidente del mundo” lo hace.
Por otro lado, en las universidades suele enseñarse que las conferencias de prensa tienen un objetivo, un por qué, un motivo para llevarse a cabo. Hacer una porque hace mucho que no se hacía o porque nunca había hablado con los medios de forma oficial, no es una razón que me deje conforme, no.
Dicho eso, ¿qué se puede sacar en limpio de un intento de conferencia de menos de dos horas de duración en donde los temas no fueron lo más importantes sino y más que nada un popurrí mediocre? Veamos: cero autocríticas, defensa al INDEC, ataques al campo, ratificación a Guillermo Moreno, negación de más cambios en el gabinete, burlas al término “doble comando”, no mención sobre Julio Cobos, celebración la acumulación de reservas del Banco Central y explicación por qué debe construirse el tren bala. ¿No hubiese sido mejor uno, dos temas y 24 preguntas al respecto?
En fin, la historia puede resumirse así: tirarle temas a la presidente para ahondar en su discurso de siempre: hablar y no decir nada, negar lo innegable, mostrarse soberbia, irónica, hacer y hacer descalificaciones. Eso, sí… hay que destacar su habilidad para eludir cuestiones que la ponen incómoda.
Tal vez sea demasiado temprano pero, por todo lo que dije y hasta que no cambie de fondo y verdad su política comunicacional, que Cristina Kirchner no haga más una conferencia de prensa, que se ahorre el catering, las horas de maquillaje y que el asesoramiento con profesionales de diferentes ramas de las ciencias sociales lo utilice para seguir hablando de forma unidireccional como lo hizo hasta ahora, en los diferentes actos políticos e inauguraciones de obras, plantas, etc.






Muy interesante tu review de la situacion, comparto.
Agosto 4th, 2008