La foto que elegimos poner en nuestro perfil de Facebook habla por sí sola.

En relación a esto, Soitu.es hizo una excelente e interesante tipología de las imágenes que los usuarios suben como su carta de presentación: “descubre a qué rebaño perteneces y comprueba lo expuesto que estás por mucho que te tapes la cara”.

Un resumen:

Con tu niño. Es la típica foto de papá orgulloso. Habitual entre los que juraron y perjuraron que ellos jamás guardarían en la billetera a sus criaturas.

Con tu novio o novia. Estás pillado/a. De eso no cabe duda. Parece una declaración de intenciones pero en realidad invita al desafío. Observas a la pareja de turno, con la cara pegadita a la de tu amigo e irremediablemente piensas que no le merece. Recoges el guante y te dispones a cazar la pieza delante de sus narices. Usas el muro para echar el anzuelo y rematas por mail.

Foto carnet. Han puesto la primera foto que han encontrado. Funcionales propietarios de un cerebro binario. Para ellos 2+2=4. La utilidad en esta vida es lo primero. Para qué andar jugando o perdiendo el tiempo en disquisiciones sobre la imagen. Transparentes y un pelín aburridos.

De pequeñito. “Uy, por favor, está para comérselo”. Son muchos más los hombres que eligen enseñar qué terriblemente monos eran de pequeños de lo que lo hacen las mujeres. Buscan despertar ternura y apelan a ese instinto maternal que se supone que despiertan los niños que no sobrepasan los 6 o 7 años. Es una forma de rescatar a ese niño del que no pudieron disfrutar. Sin embargo, “ofrece una tarjeta de visita no actualizada. Sugiere veracidad y ocultamiento a la vez: soy yo pero ya no soy yo”, apunta Juan José García.

Autofoto. Es el recurso más habitual. Yo, mi, me, conmigo. Los primeros en usar las redes sociales se fotografiaban a sí mismos, era un sello de distinción, les hacía sentirse cómplices, socios de un exclusivo club.

Posando pero sin posar. Pecan de una absoluta falta de naturalidad aunque ni de lejos era su pretensión. Revelan cierta tendencia a la escenificación. Son peliculeros, cuidan su imagen al milímetro, y disfrutan de una elevada autoestima.

La foto de tu hijo en lugar de la tuya. Míralos a ellos y me verás a mí. Son la mejor tarjeta de presentación. Pretendes transmitir la idea de que si eres capaz de crear a un personajito así, se te puede confiar cualquier cosa. Juan José García, psicólogo, lo interpreta como intención de “ocultamiento y usurpación de identidad. Puede confundir al interlocutor”.

De viaje. Con el mar, las montañas, o un enorme templo budista, por ejemplo, de fondo. Los miembros de esta especie parecen activos, sanotes, inquietos y quieren que el mundo entero sepa que aunque se pasen el día atados a una mesa, su espíritu se quedó en el Himalaya.

Con copa en la mano. A tenor de la media de personas con copa o cerveza en la mano que puebla Facebook, la estadística de bebedores debería ser preocupante. Desinhibidos, relajados y colegas. El único inconveniente es que sólo ellos saben que eso lo hacen dos o tres veces a la semana, tirando por lo alto. Para el resto, para quienes les visitan, su vida es una juerga continua.

Cambian de foto como de camisa. Probando, probando… Una actividad en sí misma, típica de adolescente camaleónico. Todavía no han dado con el perfil de persona que les gustaría ser entre la multitud que hay para elegir.

Ligero de ropa. Estás tan, tan, tan orgulloso de tu cuerpo que aprovechas cualquier ocasión para dar al planeta la oportunidad de disfrutarlo. Es más, muchos treintabastanteañeros o cuarentañeros —sobre todos hombres— no se resisten a enseñar su fornido pecho en Facebook. Se consideran atractivos y sin derecho a privar a sus incalculables fans de ese físico tan bien conservado.

Un personaje con el que te identificas. Aquí se junta el fenómeno ídolo con el de la sublimación de los deseos. Tú admiras a ese personaje pero además, te gustaría ser él y estás encantado de que quienes te vean, automáticamente mezclen ambas personalidades. “Puede ser un disfraz pero a la vez oculta la identidad, como ocurriría por ejemplo en el carnaval”, explica Juan José García.

Trabajando. Vaya por delante que soy un profesional como la copa de un pino. Nadie le echa tantas horas, ni esfuerzo. Transmiten una dedicación absoluta y delatan su incapacidad para disfrutar del ocio. Cuesta imaginarles con sentido del humor ni disfrutando de los placeres de la vida. Para Juan José García , refleja el mensaje de “yo soy mi trabajo. Quieren transmitir estatus, poder”.

Sin foto. No existen. Te cortan el rollo nada más entrar. No te apetece perder ni un minuto en alguien que no ha sido capaz de dedicar ni un instante en subir su foto o la de su caniche.

Tú y tu mascota. “Habla de simbolismo, sobre todo en referencia al afecto. Una mascota es un animal de compañía. El perro, por ejemplo, es puro símbolo de afecto. Sugiere, por tanto, una personalidad de corte emocional y de proyección afectiva, quizá también búsqueda de pareja”, apunta Juan José García. Habitualmente quienes posan con su animalito no suelen tener hijos.

En grupo o en familia
. “Pone el acento en la agrupación afectiva y/o en la amistad. Es el símbolo del afecto a media distancia. Indicaría extroversión, comunicación y proyección social”, explica el psicólogo.

Una ilustración. Publicitarios, diseñadores, adictos a los cómics, interneteros con alias… Esta tendencia reúne en torno a sí, a una variada fauna. Comparten un interés por el anonimato, son juguetones y adoran la libertad que otorga ser un pingüino, por ejemplo. Buscan diferenciarse y marcar territorio. Presumen de creativos.

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