Hace 97 años, en 1911, se publicó un libro que decía lo siguiente:

La prensa del porvenir no necesita telegramas, ni telefonemas, ni cartas, ni corresponsales. El siglo XIX fue el siglo del telégrafo el teléfono. El XX es el siglo del Fotocinematotelefonógrafo.

¿Y eso qué es? Pues nada, la última maravilla, la cumbre de los descubrimientos, de la electricidad, el ‘non plus’ de la telgrafía, de la telefonía, de la fotografía, de la cionematografía, de la chismofonía. ¡El invento del siglo, en fin!

No es obra de Edison, sino del mismísimo Lucifer. El primero de los resultados del fotocinematotelefonógrafo es la muerte violenta de la Prensa periódica. Se acabaron esas hojas diarias, encargadas un día de la difusión del progreso; se acabaron las informaciones, los artículos, los telegramas, los telefonemas; se acabaron las letras de molde. La Prensa ha muerto. ¡Viva la Prensa!

La revolución está en marcha. ¡La ha traído el fotocinematotelefonógrafo!

La instalación del nuevo invento en España tendrá su sede central en Madrid, e irradiaciones en todas las ciudades, en todas las villas, en todas las aldeas de la nación. El abono a este servicio costará una miseria: el abonado, en vez de oír desde su casa de madrid una ópera que estuvieran cantando en el teatro real, oirá y verá desde el último confín de la nación, y aun desde más allá de las fronteras y allende los mares, un periódico entero, un periódico hablado, un periódico “vivido”.

El fotocinematotelefonógrafo, con solo oprimir un resorte, ofrecerá a la vista y al oído del abonado la sección que prefiera del periódico.

Hace pocos días, Rupert Murdoch, el presidente de News Corporation, dijo que “los diarios de papel siempre estarán presentes”, convivirán con los medios digitales.

Murdoch señaló a los periodistas que anuncian constantemente la muerte de los diarios, que “tienen una mirada cínica errónea y que están demasiado ocupados en escribir su propio obituario”.

“Muchos periodistas parecen tener un perverso placer de murmurar la desaparición del papel”, dijo Murdoch e indicó que no comprenden la situación actual: un mundo online, nuevo y con un enorme mercado potencial de intercambio para consumidores hambrientos de información.

“Internet ofrece tantas oportunidades como desafíos y los diarios de papel siempre estarán dando vueltas de una forma u otra”.

En el pasado los diarios siempre tuvieron el rol de brindar información confiable: “Me gusta el aspecto que puede tener un diario de papel, como cualquier lector, pero nuestro negocio real no es imprimir sobre árboles muertos. Se trata de darle a los lectores un buen periodismo y mucha opinión”.

“Es cierto que, dentro de unas décadas, las versiones impresas de algunos diarios perderán circulación. Pero si proveen a los lectores noticias confiables, entonces el sitio web ganará en visitas, en suscriptores al lector de noticias (RSS) y en correos electrónicos personalizados con noticias y publicidad para teléfonos celulares”.

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